martes, 24 de junio de 2008

Atahualpa

En Gotitas de Historia repasamos hoy, brevemente, la historia de este guerrero inca, víctima de unas de las traiciones más difundidas de la conquista española en tierras americanas.





Atahualpa (quechua: Atawallpa) fue el decimotercer emperador Inca, y aunque tuvo sucesores nombrados por los españoles es considerado como el último emperador inca. Nació en 1497 en Cusco. Vivió en Quito más de 10 años junto a su padre Huayna Cápac, su hermano Ninan Cuyuchi, y el ejército imperial (con sus más influyentes generales). Cuando Huáscar se coronó en Cuzco como emperador le causaba mucha preocupación la simpatía de su hermano con el ejército, motivo por el cual le ordenó que se presentara en Cuzco. Atahualpa, convencido por sus generales de que si iba lo matarían, decidió organizar un ejército norteño. De esta manera se dió inicio a la famosa guerra civil inca.


Al ganar la guerra se dirigió de inmediato a Cajamarca para conocer a los españoles, después de un inesperado ataque español fue hecho prisionero por Francisco Pizarro. En prisión mantuvo algunos privilegios: se le permitió seguir administrando el imperio, aprendió a leer y escribir, también mantuvo una relación amistosa con Francisco Pizarro.
En prisión, Atahualpa ofreció a cambio de su liberación llenar dos habitaciones de plata y una de oro "hasta donde alcanzara su mano", los españoles aceptaron y de inmediato se mandó la orden a todo el imperio inca de que enviasen la mayor cantidad posible de oro y plata hacia Cajamarca. Después de cumplir su parte los españoles lo setenciaron a muerte por idolatría, fraticidio, poligamia, incesto y lo acusaron de ocultar un tesoro.

Cajamarca, cuarto del rescate de Atahualpa

Se le concedió una última opción: ser bautizado como cristiano y luego ahorcado o ser quemado vivo. Al escoger la primera opción fue bautizado con el nombre cristiano de Francisco. Se cree que Francisco Pizarro lloró su muerte. (Pedro Pizarro narra en su crónica: "yo vi llorar al Marqués").
Fue ejecutado el 26 de julio de 1533. La noticia de su muerte originó una gran anarquía, muchas etnias incas se sublevaron e intentaron recuperar su independencia.
Fue enterrado en la iglesia de Cajamarca pero unos días después su cadáver desapareció misteriosamente; probablemente sus súbditos lo profanaron para momificarlo y ocultarlo.
Tras su muerte, muchos incas partidarios de Huáscar (como Manco Inca) se unieron a los españoles para derrotar a Chalcuchimac, Quisquis y los demás partidarios de Atahualpa.

Fuente: Wikipedia

Escribe: Guillermo Reyna Allan

miércoles, 18 de junio de 2008

Tutankamón

Nebjeperura Tutanjamón, más conocido como Tutankamon, o Tutankamón, «imagen viva de Amón», fue un faraón perteneciente a la dinastía XVIII de Egipto que reinó de 1336/5 a 1327/5 a. C. Hoy lo recordamos en Gotitas de Historia...



Tutankamón no fue un faraón notable ni conocido en épocas antiguas; el tamaño relativamente pequeño de su tumba fue la razón de que no fuera descubierta hasta el siglo XX. Howard Carter la encontró intacta en 1922. Su descubrimiento y los tesoros encontrados en ella tuvieron cobertura mundial en la prensa y renovaron el interés del público por el Antiguo Egipto, convirtiéndose la máscara funeraria del faraón en la imagen más popular.


Si bien formalmente se define que la Dinastía XVIII finaliza con el reinado de Horemheb, se puede afirmar con un alto grado de certeza de que el joven Tutankamón fue el último faraón de sangre real de la dinastía. Ascendió al trono después del periodo de Amarna y devolvió a los sacerdotes de Amón la influencia y el poder que habían tenido antes de la revolución religiosa y política de Ajenatón. Durante su corto reinado estuvo en manos de Ay y Horemheb, que se repartieron el poder: Ay administró Egipto y Horemheb manejó el ejército.
Su reinado se caracterizó por un retorno a la normalidad en el plano socio-religioso después del interludio protagonizado por su casi seguro padre Ajenatón. Dicho retorno fue paulatino, restaurando el culto en los templos abandonados de dioses como Amón, Osiris, Ptah, etc., y permitiendo la celebración de los ritos pertinentes.


En el plano artístico, los cánones inaugurados bajo la égida de Amarna seguirían fluyendo hasta fundirse con los patrones tradicionales del arte egipcio. En las imágenes oficiales, la imagen del joven rey sería enfatizada constantemente junto a su Gran Esposa Real conjugando la herencia visual de Amarna (las imágenes de intimidad familiar de la pareja real visibles en tronos, sillas, cofres, etc., encontrados en la tumba real) con el mensaje político oficial de continuidad de la dinastía, claramente visible por la profusión de imágenes de Anjesenamón.


Su principal aporte a la historia de la humanidad fue el hallazgo de su tumba casi intacta. Esto posibilitó sacar a la luz una cantidad apreciable de tesoros, utensilios, muebles, armas, etc., dando una oportunidad invaluable para la profundización del conocimiento sobre la civilización egipcia.

Fuente: Wikipedia

Escribe: Guillermo Reyna Allan


martes, 10 de junio de 2008

Julio Verne

Fue, sin dudas, una de las mentes más brillantes de su época. Imaginativo, creador; Julio Verne dejó todo un legado en la literatura. Hoy lo recordamos en Gotitas de Historia...




Julio Verne nació en Nantes el 8 de febrero de 1828. Se escapó de su casa a la edad de 11 años para ser grumete y más tarde marinero, pero, prontamente atrapado y recuperado por sus padres, fue llevado de nuevo al hogar paterno en el que, en un furioso ataque de vergüenza por lo breve y efímero de su aventura, juró solemnemente (para fortuna de sus millones de lectores) no volver a viajar más que en su imaginación y a través de su fantasía.
Una promesa que mantuvo en más de ochenta libros que, según un informe públicado a principios de 1972 por la prestigiosa revista francesa Paris Match como resultado de una investigación realizada por la UNESCO, han sido traducidas a 112 idiomas, lo que coloca a Verne en segundo lugar en la lista de vendedores de éxitos detrás de otro autor de producción más reducida pero mucho más densa (Karl Marx, traducido a 133 idiomas).
Su adolescencia transcurrió entre continuos enfrentamientos con su padre, a quien las veleidades exploratorias y literarias de Julio le parecían el todo ridículas, y los continuos desaires de su prima Caroline, que sumen al joven Julio en profundas crisis de melancolía. Al fin consigue trasladarse a París donde empieza a codearse con lo más granado de la intelectualidad del momento, Victor Hugo, Eugenio Sue, etc., y consigue la amistad y protección de los Dumas, padre e hijo. En 1850 acaba sus estudios de derecho y su padre le conmina a volver a Nantes. Pero Julio se resiste, afirmándose en su decisión de hacerse un profesional de las letras.

Es por esta época cuando Verne, influenciado por las increíbles cotas que alcanzaban por aquel entonces ciencia y técnica, concibe el proyecto de crear la literatura de la edad científica, vertiendo todos estos conocimientos en relatos épicos, ensalzando el genio y la fortaleza del hombre en su lucha por dominar y transformar la naturaleza
Pero antes está la necesidad de comer y vestirse. Para conseguir el dinero que le es necesario, una vez que su padre le cortó el suministro del mismo, se centra en el teatro y en operetas, de calidad y éxito irregulares, pero en cualquier caso un trabajo agotador e insatisfactorio, puesto que le roba el tiempo necesario para el estudio de esas ciencias que tanto admira.


En 1856 conoce a Honorine de Vyane, con la que se casa en 1857 tras establecese en París como agente de bolsa. Su carrera como tal no le resultó en absoluto satisfactoria, y así Verne siguió el consejo de un amigo, el editor P. J. Hetzel, quien será su editor in eternum, y convirtió un relato descriptivo de Africa en la que sería la novela. Cinco semanas en globo, (1863) fue un éxito fulminante y tuvo como resultado un espléndido contrato con Hetzel que garantizaba al joven e inexperto novelista (tenía 35 años cuando publicó su primer libro) la cantidad anual de 20.000 francos durante Los siguientes veinte años, a cambio de lo cual Julio Verne se obligaba a escribir dos novelas de un nuevo estilo cada año. El contrato fue renovado por Hetzel y más tarde por el hijo de éste, con el resultado de que, durante más de cuarenta años, Los voyages extraordinaires aparecieron en capítulos mensuales dentro de la revista Magasin D'education et de recreation.
Estaba claro que el destino de la obra de Verne, quien se anticipó a su tiempo con más lógica y acierto que la mayoría de los escritores del género a los que podemos considerar primitivos, con la única excepción de nombres como H. G. Wells, tenía que ser como éste, un auténtico filón para el arte que estaba naciendo al mismo tiempo que sus libros: el cine.
La obra de Verne, en efecto, estará entre las más adaptadas dentro de la literatura (y en ese aspecto si que podemos decir que gana a Karl Marx) y desde Las tribulaciones de un chino en China, hasta La Vuelta al mundo en ochenta días, los modos de adaptar su obra han sido también muy diversos, desde la aventura granguiñolesca a la francesa, como puede darse en el primer caso citado, hasta el gran espectáculo en pantalla grande y reparto estelar, como ocurre en el segundo.


Pero son otros los títulos que han merecido un tratamiento más respetuoso y un acercamiento más profundo, como Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la tierra o De la tierra a la luna (adaptada entre otros por George Mélies) que inspiraron lo que puede denominarse con toda justicia como el primer film serio de ciencia ficción posibilista realizado par los americanos en 1950, Con destino a la luna (Destination: Moon), una vez pasada la época de las delirantes fantasías de invasiones marcianas, venusianas, selenitas y de toda la retahila de catastrofismos, incluyendo el cheque de la Tierra con otro cuerpo estelar, con el que el cine USA se divirtió (y nos divirtió, todo hay que decirlo) durante la década de los 30 y los 40, que incluyó la adaptación de clásicos del comic (ya entonces considerados como tales) como Flash Gordon, el Capitán Marvel, Buck Rogers o Brick Bradford.

Tan dotado para la ciencia ficción como para la aventura pura y simple (Los hijos del capitán Grant, Miguel Strogoff), Verne une las dos vertientes en una de sus obras más sólidas y afortunadas, Veinte mil leguas de viaje submarino, en la que nos presenta a uno de sus personajes más logrados, patéticos y humanos, el capitán Nemo (nadie), especie de trágico holandés errante que vaga sin rumbo de una parte a otra del mundo, en una sorprendentemente real anticipación de lo que en su día serán los submarinos atómicos, en su Nautilus.
Pese a todo, la vida de Verne no fue fácil. Por un lado su dedicación al trabajo minó hasta tal punto su salud que durante toda su vida sufrió ataques de parálisis. Por si esto fuera poco era diabético y acabó por perder vista y oído. Su hijo Michael le dio los mismos problemas que él mismo había proporcionado a su padre y, desgracia entre las desgracias, sufrió una agresión por parte de uno de sus sobrinos, que le disparó un tiro a quemarropa dejándolo cojo. Su vida marital tampoco fue todo lo feliz que él hubiera deseado, y es comunmente admitido por todos sus biógrafos que mantuvo un matrimonio paralelo con una misteriosa dama, que sólo acabó cuando esta murió.
Verne también se interesó por la vida política, llegando a ser elegido concejal de Amiens en 1888 por la lista radical, siendo reelegido en 1892, 1896 y 1900. Ideológicamente era decididamente progresista en todo lo que concernía a educación y técnica pero de un marcado caracter conservador, y en ocasiones reaccionario, en el aspecto político.
Murió el 24 de marzo de 1905

Basado en el artículo Jules Verne de Manuel Dominguez Navarro aparecido en el número 54 (Julio de 1983) de la revista 1984 y en el libro Julio Verne, ese desconocido, de Miguel Salabert

Escribe: Guillermo Reyna Allan


miércoles, 4 de junio de 2008

Cafulcurá, el último caudillo de las pampas

A 135 años de su muerte, recordamos hoy en Gotitas de Historia al denominado "terror de las pampas", el cacique araucano Juan Cafulcurá.








Cacique araucano chileno cuyo nombre significa piedra azul, en virtud de una antigua leyenda que asignaba Poderes de Gran Jefe y Caudillo al cacique que encontrara una piedra azul. Según noticias Cafulcurá era poseedor de dicha piedra y por ende debía erigirse en Rey y Señor de toda la enorme región pampeana argentina .

Entró a nuestro territorio por el año 1830 en carácter de invasor y se instaló en las Salinas Grandes cercano a un lugar llamado Massallé y pidió asilo y protección a otro cacique araucano conocido como Mariano Rondeau que era el principal jefe de la nación borogana. Dado los hábitos belicosos de Cufulcurá, que participaba en malones y asaltos sobre las tierras de los cristianos, hubo discrepancias con el cacique Rondeau que vivía en paz y amistad con los cristianos, por cuanto en 1833 había participado de la columna expedicionaria de Rosas como auxiliar de la misma , para pacificar a los ranqueles. El 13 de agosto de 1834, Cafulcurá con la cooperación de otros caciques araucanos, asesina en un parlamento al Jefe Borogano Rondeau y a varios de sus lugartenientes que se negaban a participar en malones contra el cristiano. Quienes no mueren son reducidos a prisión y Cufulcurá se hace proclamar Emperador de la Pampa y adopta el grado de general, dando nacimiento a un gobierno indígena y a una dinastía que recién en el año 1884, sería derrotada como poder político entre los aborígenes.
Cafulcurá se antepone el nombre de Juan y manda a confeccionar un sello con la siguiente leyenda: "General Juan Cafulcurá-Salinas Grandes", con el cual sella toda correspondencia oficial. También designa un ministro que efectúa las veces de secretario, leguaraz y confidente, llamado Manuel Acosta o Manuel Freyre, de origen chileno, muy inteligente, taimado y cruel. La influencia de Acosta sobre Cafulcurá es decisiva, dado que el cacique no sabía leer ni escribir. Para afianzar su dominio político y militar sobre las demás tribus del desierto Cafulcurá hace cruzar la cordillera a numerosos caciques araucanos de su confianza, quienes entran a territorio argentino al frente de sus nutridos escuadrones de lanceros. Entre estos caciques se encontraban hombres como Mayquín cuyo nombre equivale al envidioso, cruel y valiente guerrero y junto con éste, los caciques Quillapán Calkvucoy, Mari-hual y Calvuén. Con estas aguerridas fuerzas, Cafulcurá unifica por las buenas y las malas, todas las tribus indígenas dispersadas en el vasto territorio de la llanura pampeana que abarca de la cordillera al Atlántico y de la Patagonia hasta el sur de Córdoba y Santa Fe.

Para este tiempo y luego en años posteriores, las naciones indígenas piensan constituir una Confederación Indígena Americana que agrupan a todas las parcialidades aborígenes del continente, pero la carencia de comunicaciones, los intereses dispares, la falta de instrucción, la barbarie en que vivían muchos de ellos, tornan imposibles esos planes. En realidad Juan Cafulcará, alentaban ideas de un gran imperio que sólo puede mantener su vida y unos escasos años a través de su hijo Namancurá. El día 14 de junio de 1873, el gran jefe indio, soberano de Salinas Grandes, moría casi centenario en sus toldos de Chiloé, al oeste de Salinas, repitiéndole como una alucinación a su hijo Manuel Namuncará: "no entregar Carhué al Huinca". Con él moría uno de los más grandes caudillos de la pampa que poco tiempo antes había luchad en San Carlos contra las fuerzas militares, en un combate de épicas resonancias, donde el triunfo casi estuvo de su lado y lo mejor de sus caciques y guerreros combatieron denodadamente, dirigidos por Cafulcurá en su inquebrantable bravura debió ser ayudado a montar su caballo, porque sus casi cien años ya le impedían hacerlo.


Fuente: Agrileira.com - oni.escuelas.edu.ar

Escribe: Guillermo Reyna Allan



jueves, 29 de mayo de 2008

25 de Mayo, la historia y la leyenda











El conocido historiador Pacho O´ Donnell, escribió en el diario La Nación un artículo por demás interesante que tiene que ver con hechos poco conocidos o difundidos de la Revolución de Mayo. En Gotitas de Historia lo transcribimos textualmente y lo ponemos a vuestra consideración.

Para que Mayo fuera posible fue necesario que confluyeran estratégicamente tres sectores de la elite rioplatense: los comerciantes españoles, los criollos y los jóvenes revolucionarios.
Los comerciantes españoles ya no prosperaban con el intercambio exclusivo con una España ocupada por Napoleón, empobrecida, cuya flota mercante ya casi no cruzaba el Atlántico. El empeño de esos mercaderes, acaudillados por Martín de Alzaga, era que se abriera el comercio a otras naciones, en especial con Gran Bretaña. Los criollos nacidos en suelo americano aspiraban a un cambio político para poder acceder a posiciones que eran privativas de los nacidos en la metrópoli, los únicos autorizados a ocupar los más altos niveles de la administración pública y de la fuerzas armadas. Por último, los jóvenes revolucionarios vislumbraban la posibilidad de conducir la insurrección hacia la independencia del virreinato del Río de la Plata.




Virreinato del Río de La Plata



La emancipación esperaba el momento oportuno. Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Cornelio Saavedra, Nicolás Rodríguez Peña y otros jóvenes "alumbrados", así llamados porque seguían las ideas del iluminismo europeo, solían reunirse en el café de Marcos -hoy Bolívar y Alsina- vieron una alternativa táctica cuando la princesa Carlota, esposa del emperador Juan, de Portugal, residente en Río de Janeiro, reclamó sus derechos a gobernar en el Río de la Plata. Era una Borbón, hermana de Fernando VII, y Carlos IV había abrogado la ley sálica, que impedía reinar a las mujeres. Los jóvenes independentistas advirtieron la oportunidad de cambiar el escenario político y se esperanzaron con que, sabiendo que ella necesitaba su apoyo, podrían condicionarla con una Constitución que ellos redactarían. Por eso se manifestaron a su favor y fueron sus estratégicos promotores. La intentona fracasó por la oposición del embajador inglés en Brasil, lord Strangford, aunque también el emperador Juan se opuso en última instancia.

Según el biógrafo de la infanta, su secretario Presas, debido "al miedo fundado que tenía el propio príncipe de que una vez que su esposa se hallara señora de Buenos Aires, formase un ejército y fuera hasta Río de Janeiro para despojarlo del trono y ponerlo donde no le diese el sol". Confirmando que muchas veces las alternativas conyugales influyen en la política.
La anécdota de la infanta Carlota, quien se españolizó de princesa a infanta para hacer más viable su reclamo, va en contra de quienes niegan que en Mayo haya habido vocación independentista. También desmentido por los escritos de Bernardo de Monteagudo, quien, cursando en la universidad de Chuquisaca, semillero de revolucionarios americanos, escribió un imaginario diálogo entre Fernando VII y el inca Atahaualpa, en el que se abogaba francamente por la emancipación americana.




Infanta Carlota



Mayo no fue un movimiento popular, sino un putsch dentro de la clase de "posibles", es decir, la clase alta y adinerada. La chusma se hará presente un año después, en la noche del 5 al 6 de abril, cuando ocupó espontáneamente la plaza de la Victoria para defender a Saavedra de un anunciado golpe de los morenistas, agrupados en la Sociedad Patriótica.
La importancia de French y Berutti aquel frío y desapacible día fue decisiva, aunque no la que tradicionalmente se les asigna. Eran los jefes de un grupo de choque complotado con la revuelta, llamado "La legión infernal". Eran temibles "chisperos", es decir que manejaban armas de fuego. Apostados en las entradas de la plaza, junto con algunos miembros del regimiento de Patricios, decidían quiénes entraban en el cabildo y quiénes se quedaban afuera, amañando la votación a favor o en contra de la continuidad del virrey Cisneros.
Las escarapelas, que no eran celestes y blancas, las repartieron French, Berutti y los suyos para identificar a los propios de los ajenos.



Mariano Moreno, quien luego se constituiría en el emblema de la radicalidad revolucionaria, no participó de la asonada. Su presencia en la Junta fue una maniobra de los verdaderos ideólogos de Mayo, los grandes patriotas Belgrano y Castelli, quienes lo convencieron de aceptar el cargo de secretario. Moreno, abogado, era el defensor y representante de intereses británicos en el Río de la Plata, de allí su proclama: La representación de los hacendados , en la que abogaba por la apertura del comercio, es decir la ruptura del monopolio hispánico. Su designación fue un mensaje amistoso hacia la potencia más importante del mundo.


Mariano Moreno



Desde el primer momento, los hombres de Mayo aspiraron a contar con el apoyo de Gran Bretaña, la que al perder los mercados del continente europeo, luego de la victoria napoleónica en Auschwitz, necesitaba abrir nuevas plazas y sólo podía hacerlo por mar, el que dominaba desde el combate de Trafalgar. Pero se encontraron con la reticencia de la corona británica puesto que España era su aliada en la guerra contra Francia.
De todas maneras, hubo soterrada complicidad, como lo demuestra el hecho de que barcos británicos de guerra, surtos en el puerto, hicieron pesar su influencia. El capitán de la escuadra, Charles Montagu Fabian, no sólo empavesó las naves y disparó salvas de festejo el 26 de mayo, sino que también arengó al pueblo a favor de la revolución. Habría motivos para festejar: en los días subsiguientes a la sublevación se rebajaron en un 100% los derechos de exportación y se declaró libre la salida de oro y plata, sin más recaudo que pagar derecho como mercancía, lo que favorecía a los comerciantes ingleses.
La Constitución de la Junta del 25, que sustituyó la del 22 que conservaba el poder de Liniers aunque sin el rango de virrey, representó y equilibró sabiamente los factores de poder porteños.
Cornelio Saavedra representó a las milicias armadas, esencial para defender la sublevación de la reacción de los partidarios de Fernando VII. Ya se ha mencionado la importancia de Moreno. En cuanto a Paso, fue el secretario puntilloso, urdidor y astuto, que por sus virtudes repetirá dicha función en varias oportunidades, también en Tucumán en 1816. En cuanto a los vocales, los había representantes del poder económico español con los comerciantes Domingo Matheu y Juan Larrea. El vocal Azcuénaga también era hombre de armas, aunque Saavedra habría condicionado que no tuviera mando de tropa. No podía faltar la fuerza del clero y allí estaba el cura de San Nicolás, Manuel Alberti. Y por fin los abogados Belgrano y Castelli eran quienes hablaban y actuaban en nombre de los jóvenes progresistas animados de ínfulas de cambio radical.

El propósito independentista de algunos debió disimularse para no romper prematuramente la alianza estratégica con los otros sectores. También por la reticencia británica a la declaración independentista, por la ya mentada alianza con España y también porque era un imperio colonial y no estaba en sus planes fomentar las insurrecciones en territorios ocupados.
Ese freno fue evidente cuando la Asamblea del año XIII, que había sido convocada con el propósito de declarar la emancipación de España, recibió instrucciones en contrario desde Londres, que fueron acatadas por la anglófila Logia Lautaro, cuyos iniciados dominaban la convocatoria. Esa misma prudencia hizo que la creación de una bandera propia de las Provincias Unidas por parte de Belgrano, en 1811, fuera acremente censurada por Bernardino Rivadavia, el poder en Buenos Aires.

viernes, 23 de mayo de 2008

Se trataba del nacimiento de una Nación




El alcalde mayor hizo una seña y los miembros de la Junta se arrodillaron frente a la mesa municipal. Los Santos Evangelios estaban abiertos en el relato de San Lucas. Cornelio Saavedra puso la palma de su mano sobre ellos. Juan José Castelli apoyo la suya sobre uno de los hombros de Saavedra y Manuel Belgrano hizo lo mismo sobre el otro. El resto copió el gesto. Eran casi las 9 de la noche del viernes 25 de Mayo de 1810 y el Sí, juro de los nueve hombres entrelazados marcaba el final de cuatro días intensos.





Cornelio Saavedra se levantó y la Junta ocupó los asientos bajo el dosel del salón central del segundo piso del Cabildo. Después el comandante fue hasta el balcón. Abajo, en la Plaza, quedaba poca gente bajo la lluvia. Saavedra les habló para pedirles que mantuvieran orden, la unión y la fraternidad, y para que se respetara la figura del ex virrey Cisneros.
Esa noche, los miembros de la Junta salieron juntos. Atravesaron la Plaza, pasaron por debajo de la Recova y los pasos firmes —que resonaron huecos en el barro— los llevaron hasta el Fuerte, desde donde iban a gobernar Buenos Aires y el resto del Virreinato hasta fines de 1810.
Aquel día, el Cabildo había estado lleno desde temprano, a las 8 de las mañana. Los asistentes habían llegado para considerar la renuncia de la Junta nombrada el 23 de mayo, encabezada por el virrey Cisneros. Habían jurado a las 3 de la tarde del 24 y seis horas después, frente a la presión de los criollos, presentaban sus renuncias.
En el salón del Cabildo, la postura del síndico procurador, Julián de Leiva, aún era inamovible: no aceptaba la renuncia de Cisneros y proponía autorizarlo a usar la fuerza para fusilar y dispersar al pueblo. Leiva se aferraba a una idea errónea: creía contar con el apoyo de Saavedra.


A esa hora, la Plaza ya estaba ocupada. Pero la mayoría de las milicias estaba en los cuarteles, esperando noticias del Cabildo. Las novedades sobre la posición de Leiva llegaron pronto. Cuando se difundieron, un grupo encabezado por Feliciano Chiclana y Domingo French —que como todos los partidarios criollos estaban reunidos en la casa de Rodríguez Peña— salió hacia el Cabildo. En el impulso, todos llegaron hasta la galería de arriba.
Fue el propio Leiva quien abrió la puerta del salón al escucharlos. "¿Qué es lo que ustedes quieren?", cuentan que dijo. "La deposición inmediata de Cisneros", le gritaron los criollos. Desde adentro pidieron que nombraran una comisión de representantes para explicar sus reclamos. Las crónicas de la época dicen que llevaban escritos los nombres para una nueva junta de gobierno. El Cabildo objetó la propuesta. Para eso se debía consultar al resto de los pueblos del Virreinato, se sostenía como argumento principal.



Baltasar Hidalgo de Cisneros


La discusión se encendía y uno de los vecinos , de apellido Anchorena, propuso citar a los comandantes de las milicias para opinar y votar. Los delegados de los criollos salieron para juntarse en la Fonda de las Naciones de la Vereda Ancha, una de las tantas del radio de la Plaza. El cielo estaba nublado y amenazaba con desarmarse en agua, como venía ocurriendo desde hacía días. Cuando los comandantes se reunieron, Leiva pidió apoyo para las autoridades elegidas el 23.
El comandante Romero, un moderado que lideraba una milicia, contestó que no era posible sostener la elección del virrey como presidente de la Junta, que las tropas y el pueblo estaban indignados y que ellos no tenían autoridad para darle apoyo al Cabildo, porque sabían que no iban a ser obedecidos. Se animó a pronosticar que si el Cabildo insistía en lo resuelto no podrían evitar que la tropa llegara
hasta la Plaza para imponer su posición.
La gente había vuelto a tomar las galerías. Y Leiva le habló al resto de los cabildantes: "No hay más remedio que consentir", se le oyó decir. Martín Rodríguez salió al corredor y, a los gritos, contó a la gente que el virrey había quedado fuera del gobierno. Después corrió hasta la casa de Rodríguez Peña, donde estaban los líderes del movimiento criollo. Entonces Peña dijo que había que llevar la lista de la nueva Junta al Cabildo. Cuando Beruti y French entraron en el salón del edificio donde se seguía sesionando, los cabildantes ocupaban sus asientos detrás de la gran mesa que da a la puerta. Los patriotas se agruparon en la baranda que limitaba el recinto hacia el lado de afuera.



Manuel Belgrano



La respuesta fue una exigencia: que expresaran por escrito la voluntad del pueblo. Al rato llegó una presentación con más de 400 firmas. Eran las 15.30 cuando Leiva puso el último obstáculo. Pidió que el pueblo se congregara en la Plaza para que, al leer los nombres, los ratificaran.
A las 4 de la tarde, Leiva salió al balcón. El resto de los cabildantes lo siguieron. Cuando miraron hacia la Plaza, el síndico, irónico, preguntó: "¿Dónde está el pueblo?". Abajo había poca gente. Y fue Beruti quien repitió que el pueblo en cuyo nombre hablaban estaba armado en los cuarteles y otra gran parte del vecindario esperaba en distintos lugares para ir. El griterío creció. Finalmente, Leiva en nombre del Cabildo, cedió. Y así se dieron por anulados los actos del día 23 y 24.
El vozarrón de Martín Rodríguez se volvió a escuchar a las cuatro y media. Pero esta vez fue en el balcón, cuando leyó los nombres de la Junta de Gobierno que quedaba encargada provisoriamente de la autoridad de todo el Virreinato.

La espera, luego, fue larga. Hasta que, cuando faltaban minutos para las 9 de la noche, el alcalde mayor abrió los Santos Evangelios. La nueva Junta entró por el centro del salón en medio de un gran silencio. El funcionario hizo una seña y se acercó a Saavedra con el libro abierto. Los nueve hombres se comprometieron a conservar esta parte de América para Fernando VII, el rey de España, prisionero de Napoleón. Afuera llovía. Y en la Plaza todavía quedaba gente.

Fuentes: "Memorias curiosas", de Juan Manuel Beruti, Colección Memoria Argentina, Emecé, 2001. "La Gran Semana de 1810. Crónica de la Revolución de Mayo", de Vicente Fidel López. Imprenta y Librería de Mayo, 1896. Diario Clarín (Bs. Aires)

Escribe: Guillermo Reyna Allan

sábado, 17 de mayo de 2008

Aquel sueño llamado Argentina (Parte II)




La Semana de Mayo



18 de mayo


Se realizó una reunión en la casa de Rodríguez Peña, donde se acordó pedirle a Cisneros que convocara a un Cabildo Abierto para tratar la nueva situación generada por lo sucedido en España (invadida por Napoleón). Cisneros intentó evitar esa reunión, pero terminó cediendo ante las presiones.


22 de mayo


251 vecinos (se habían repartido 600 invitaciones) se reunieron en el Cabildo para decidir sobre la destitución del virrey. Y allí se destacaron algunas voces: El obispo Lué comenzó diciendo que "mientras haya un español en América, los americanos le deben obediencia", a lo que Juan José Castelli replicó: "Si no hay rey en España, han caducado las autoridades que de él dependen, por lo cual la soberanía debe volver al pueblo, y es el pueblo el que debe votar para formar Juntas de gobierno, como están haciendo en España".




Saavedra, que coincidía con Castelli, agregó sin embargo: "Creo que debemos ser los Cabildantes y no el pueblo quienes designemos la Junta de Gobierno, pues va a ser más simple".Por su parte, el vecino Villota se refirió a otro tema de importancia: "El pueblo de Buenos Aires carece de representatividad para adoptar una decisión que afecte a todo el Virreynato", frente a lo que Juan José Paso aludió a razones de necesidad y urgencia para sostener la representación de los pueblos ausentes.


Juan José Castelli


24 de mayo


El Cabildo Abierto designó una Junta, pero presidida por Cisneros. El disconformismo popular hizo que la Junta renuncie un día después.

25 de mayo


Amaneció frío y lluvioso en Buenos Aires. Los vecinos, encabezados por Domingo French y Antonio Beruti, comenzaron a congregarse frente al Cabildo, movidos por los últimos acontecimientos. Allí se anunció la constitución de una nueva Junta, presidida por Cornelio Saavedra, que gobernaba en nombre de Fernando VII. Para algunos, esto último fue una estrategia llamada "máscara de Fernando" con el fin de no romper definitivamente con España hasta afianzar el gobierno propio y declarar así la independencia, lo que ocurrió 6 años después.

La Primera Junta estaba integrada por:
PresidenteCornelio Saavedra SecretariosMariano MorenoJuan José Paso VocalesManuel Belgrano Juan José Castelli Domingo MatheuJuan LarreaMiguel de AzcuénagaManuel Alberti
Fuente: Educar.com
Escribe: Guillermo Reyna Allan