jueves, 24 de junio de 2010

Invasiones Inglesas (Parte I)

El 27 de junio de 1806 los ingleses, bajo las órdenes del mayor general Guillermo Carr Beresford, desembarcaron en las playas de Quilmes, marcharon sobre la ciudad de Buenos Aires y tomaron la plaza casi sin encontrar resistencia, ya que el virrey Rafael de Sobremonte había huido hacia Córdoba. Reproducimos a continuación un fragmento del libro Páginas argentinas ilustradas, donde José Manuel Eizaguirre relata el desembarco de los ingleses y la reconquista de Buenos Aires, a cargo de Santiago Liniers.

Fuente: Eizaguirre, José Manuel, Páginas argentinas ilustradas, Casa Editorial Maucci Hermano, 1907.

Gobernaba el virreinato el Señor Sobremonte, funcionario apegado al formalismo de las altas posiciones administrativas y sin las virtudes esenciales de un patriota. Con esas cualidades, no era garantía para la colonia ni para los pueblos del virreinato, en tiempos en que España sufría el desorden interior y los ultrajes del absolutismo napoleónico, y cuando en los pueblos americanos empezaba a sentirse el movimiento de una idea emancipadora.

Dueña Inglaterra de los mares, por sus escuadras victoriosas en Trafalgar, creyó propicia la hora no sólo para vengar las subordinaciones de Carlos IV a Napoleón, enemigo declarado de la Gran Bretaña, sino también los estímulos directos que la corona española había desarrollado en la emancipación de las colonias inglesas en la América del Norte. La hora era, en realidad, propicia.

En el año 1805, una escuadra inglesa navegó en los mares de nuestro continente y siguió viaje hacia el Cabo de Buena Esperanza, en donde conquistó las colonias holandesas. El virrey Sobremonte tuvo noticia de que esas fuerzas tentarían también la conquista del Río de la Plata; pero cuando conoció las operaciones que hacía en el Sur de África, descuidó ponerse en condiciones de defensa. Fue para él una amarga sorpresa, cuando en los días de junio de 1806, vio en el estuario una escuadra de doce buques ingleses, que no venía a saludar la insignia del vanidoso virrey.

Colocado en el duro y difícil trance, probó que su carácter no estaba a la altura de la situación. Llegó a creer que los invasores no realizarían sus propósitos con las escasas fuerzas que traían, y descuidó aun entonces, armar y disciplinar a los vecinos. Limitóse a organizar algunas partidas para que vigilaran las costas durante las noches. Desde el 17 de junio, día en que fueron vistos los buques ingleses en el estuario, hasta el 27 del mismo mes, en que desembarcaron en las playas de Quilmes y marcharon sobre la ciudad, el virrey dio órdenes y contraórdenes, se movió de un lado para otro lado, paseó las calles con grandes comitivas de ayudantes, y cuando distribuyó armas y municiones, lo hizo en una forma inconveniente y ridícula. Pedro Cerviño, en su diario, da los siguientes datos acerca de esa distribución, hecha el día 25 de junio: “A las dos de la tarde –dice- tocaba de nuevo la generala, y dada la señal de alarma corrieron todos con precipitación al cuartel; allí recibieron de mano del sargento distinguido que hacía de Brigada don Antonio del Nero, una espada, una pistola, una canana y porta-espada, entregándosele suelta una piedra y cuatro cartuchos. Inmediatamente, y sin darles lugar a la colocación del armamento expresado, los hicieron salir a tomar sus caballos en la calle, en donde el ayudante de plaza, don José Gregorio Belgrano, sin permitirles la menor demora, los hizo partir con la mayor precipitación, llevando por esta razón todo el armamento en las manos, hasta el punte de Gálvez, en donde hallaron al capitán general con algún tren volante y varios edecanes, que los hizo hacer alto. Con ese motivo procedieron los soldados a acomodar su armamento, del que ya habían perdido alguna parte de los cartuchos y piedras, faltando en todas las llaves, la zapata para colocar aquellas.”1


Dos esclavos que venían a entrar en la ciudad después de haber presenciado en la playa de Quilmes el desembarco de los ingleses, fueron llevados de una guardia a otra guardia, hasta la presencia del virrey. Después llegaron otros informantes con noticias abultadas e inexactas. Sólo aquellos dos negros, esclavos en la chacra de don Juan Antonio Santa Coloma, vieron bien y narraron sin fantasía. Según la expresión de un privado del virrey “no era cosa de broma”, y fue en virtud de esos datos que se resolvió avanzar con las fuerzas hacia el camino que traían los ingleses. Realizado este propósito y ya frente al enemigo, se revisaron las armas que consistían en “espada y pistola: de éstas, las más estaban sin piedra por el desorden y precipitación con que se les hizo su entrega, y las demás, o todas las que carecían de ese efecto, tenían el que las balas de los cuatro cartuchos por individuo, no venían, de modo alguno, al cañón de la pistola”.

Esta circunstancia, que probaba la absoluta nulidad de los jefes militares y del virrey, no amilanó a la gente dispuesta a la lucha, y antes “no hizo más que estimularla a pedir que se les permitiese la entrada, proponiéndose la derrota enemiga, con sólo la atropellada de los caballos.

El inspector Arce, que mandaba aquella malaventurada división de soldados bisoños y desarmados, se concretó a presenciar la marcha de los invasores, colocado en medio de un cuadro formado por los Blandengues y las milicias “de modo que estaba cubierto por dos filas de hombres así por vanguardia, como por retaguardia, sin el menor recelo de ser herido, pues aunque estaba a caballo, éste era un petizo semiburro”.2

Como resolvió salir de esa equívoca inacción, fue para ordenar algunas operaciones descabelladas que no llevaron perjuicio alguno a las filas invasoras. Un momento después hizo tocar retirada, y ésta se convirtió en una desordenada fuga. A la distancia se logró reunir a la mayor parte de los dispersos, y entonces el inspector Arce increpó a soldados y oficiales, declarándoles que lo “habían dejado solo”, y subiendo el tono de su voz, como si contestara a reproches de su conciencia, exclamó: “¡Si alguien cree que ordené la retirada por cobardía, desafío al más valiente para que salga en el acto a batirse de hombre a hombre conmigo!”

Mientras estas escenas ridículas se desarrollaban en el campo de los defensores, los soldados ingleses seguían tranquilamente su marcha sobre la capital, donde el Virrey ponía en orden sus cosas particulares, para huir hacia Córdoba.



1 Diario de D. Pedro A. Cerviño, del ataque de los ingleses. Véase “La Biblioteca”, tomo III, pág. 313.

2 Id. ya citado.

3 Véase: Trofeos de la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires, en el año 1806.

4 P. Groussac, La Biblioteca, Tomo III, pág. 424.

5 J. M. Estrada –Lecc. De Hist.

6 Noticias históricas, por Ignacio Núñez, págs. 25 y 27.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

sábado, 5 de junio de 2010

El suicidio de Hitler

Uno de los episodios más citados de la Segunda Guerra Mundial es la muerte de Adolf Hitler el 30 de abril de 1945. Según la historia oficial, Hitler se habría suicidado junto con su esposa, Eva Braun, al llegarle las noticias de que los soviéticos estaban a metros del búnker en el que se refugiaba tras el incesante avance de los Aliados.







En abril de 1945, Hitler se trasladó al Führerbunker debajo de la Cancillería de Berlín, un complejo subterráneo de dos pisos y unas treinta habitaciones. Desde entonces, comenzó a recibir información de la derrota de sus generales, culpándolos de mentirosos, cobardes y traicioneros.
A medida que las noticias del derrumbamiento nazi llegaban al búnker, se dice que Hitler comenzó a desarrollar una aguda paranoia e histeria, mientras quemaba documentos y se preparaba para el final.
Se le dio permiso al personal para abandonar el refugio, la mayoría lo hizo, pero junto a Hitler quedaron algunos miembros del personal, Eva Braun, Joseph Goebbels junto a su familia entera, militares de la SS, Martin Bormann, y dos de las secretarias personales de Hitler.
El 28 de abril, tras las deserciones de Himmler y Göring, Hitler hizo redactar su testamento personal y político, dejando las últimas indicaciones y acusando a los judíos de todo lo ocasionado por última vez en su vida.
Antes de la medianoche, se casó con Eva Braun, en una ceremonia civil perpetuada a último momento dentro del búnker.
El 29 de abril, los rusos se encontraban a una milla de distancia del búnker, y la noticia de la ejecución de su aliado Mussolini en Italia llegó a oídos del Führer. Decidido ya quitarse la vida, dio las pastillas de cianuro que poseía primero a su perro Blondi, al que asesinó por envenenamiento. Después repartió pastillas a sus secretarias, para que hicieran lo mismo.
El 30 de abril de 1945, luego de un frugal almuerzo, Hitler y Eva Braun saludaron por última vez a Bormann, Goebbels, y otros militares que permanecían en búnker. Se retiraron a su habitación y se suicidaron.
A las 3:30 Bormann y Goebbels encontraron el cuerpo de Hitler cubierto de sangre en el sofá, producto del disparo de su escopeta, mientras que Eva Braun yacía muerta por envenenamiento.

Entrada trasera del Führerbunker, en el jardín de la Cancillería del Reich (Wikipedia)

Los cuerpos fueron cremados y los restos enterrados no lejos del lugar. El día siguiente, Goebbels y su esposa procedieron a envenenar a sus seis hijos dentro del búnker, y luego se hicieron fusilar en el jardín por un hombre de la SS. Sus cuerpos también fueron quemados, pero destruidos sólo parcialmente, y no llegaron a ser enterrados. Descubrimiento que los soviéticos tuvieron el desagrado de hallar el día siguiente cuando llegaron.
Existen varias teorías sobre si esto sucedió en verdad o fue un invento de los Aliados. Se rumorea, por ejemplo, que Hitler en realidad huyó vía España hacia Sudamérica, como lo habrían hecho muchos nazis luego de la derrota.
Por otro lado, existen testimonios del personal el búnker que confirman la historia, pero también hay quienes cuestionan sus historias.
Lo cierto es que la muerte, suicidio, o supervivencia de Hitler tras la conquista soviética de Berlín en 1945 no deja de ser una anécdota más dentro de lo realmente importó: el fin del III Reich y de la devastadora Guerra Mundial.

Fuente: Laura Bergés, en sobrehistoria.com

domingo, 30 de mayo de 2010

Las fuentes historicas, materia prima de la Historia

¿Alguna vez se preguntaron cómo es posible que se sepa cómo se vestían los egipcios, cuál fue la ruta de Alejandro Magno en sus conquistas, o qué creencias tenían los primeros hombres… ? La pregunta que deberíamos hacernos es: “¿Cómo podemos conocer la historia?”. La respuesta es simple: a través de la investigación de las fuentes históricas. A continuación les traemos una breve explicación sobre los tipos de fuentes disponibles, su uso, y los problemas que tienen que sortear los historiadores al investigarlas.




Para poder conocer el pasado, los historiadores cuentan con distintos elementos que les brindan información sobre un determinado momento de una sociedad: las fuentes históricas. Prácticamente cualquier elemento que provenga de una sociedad del pasado nos puede aportar información útil para conocerla, si se lo estudia correctamente. Entre las distintas fuentes históricas que puede haber podemos destacar algunas:
· Fuentes escritas: documentos oficiales (hechos por gobiernos) o privados (cartas, memorias), periódicos, obras literarias.
· Fuentes gráficas: obras de arte, fotografía, filmes, etc.

· Fuentes monumentales: monumentos, edificios, restos arqueológicos de poblados, etc.
· Fuentes orales: relatos de los protagonistas, leyendas transmitidas oralmente.
· Fuentes naturales: restos humanos, restos de animales o plantas domésticas, evidencias de cambios climáticos.

Hay que tener en cuenta que las fuentes históricas en base a las que se hace historia presentan algunos problemas. Muchas veces son escasas, o están incompletas o dañadas.
En muchos de los casos, lo que hoy es una fuente histórica fue creada en su momento con una intencionalidad determinada (como justificar un acto de gobierno o resaltar la figura de un gobernante), y hay que saber interpretar su grado de verdad (veracidad).

A veces ocurre que hay muchísimas fuentes sobre un tema o período histórico, y el historiador lo que debe hacer es seleccionar y concentrarse en algunas, las que les resulten más importantes dejando de lado otras.
Una vez que el historiador cuenta con la fuente histórica para su estudio, comienza una larga investigación o “crítica”, en la que se analizan todos los aspectos posibles para determinar que no se trate de un elemento falso.

Fuente: sobrehistoria.com

lunes, 24 de mayo de 2010

Radiografía de los argentinos

Un estudio profundo sobre los argentinos del Bicentenario. Tan apasionados como prejuiciosos, tan creativos como quejosos. Cómo es el ADN de la Patria. Nuestros gustos, lo que nos apasiona, cómo nos comportamos, en qué creemos. Por Raquel Roberti

Hay una efervescencia de fondo en la Argentina. Pequeña pero extendida y, para usar la palabra que más nos gusta, transversal: el interés por nuestra historia, la que hasta ahora no nos habían contado. Ayer nomás, una chica que no superaba los 24 años leía 1810, el último best seller de Felipe Pigna, mientras esperaba que el chofer del colectivo le abriera la puerta para bajar en su destino.


El año pasado se imprimieron 2,5 millones de ejemplares del tema (tres veces más que en 2008) y en lo que va de 2010 ya salieron a la venta 800 mil. Los entendidos dicen que el deseo de conocer el pasado obedece a querer comprender el presente, a descubrir cómo somos. Así nos encuentra el Bicentenario. Pero el intento se puede hacer por otra vía, por ejemplo, siguiendo la vida de un ciudadano promedio, como si se tratara de un Truman Show local.
Perfil.
Dejemos de lado por un momento las cuestiones de género y convengamos en que ese ciudadano es hombre. Es indudable que suena mejor “el tipo” que su versión femenina, y si Doña Rosa tuvo sus quince minutos de fama, ¿por qué no darle la oportunidad a Don Vicente, por ejemplo? Vicente tiene entre 40 y 50 años, está casado y tiene dos hijos. Es jefe de hogar en una familia tipo: su sueldo, de unos 3.500 pesos, es el más importante de la casa. Ya terminó de pagar el inmueble, en algún barrio del AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) o alguna ciudad grande de la pampa húmeda y fértil, la misma que eligen seis de cada diez habitantes. Todavía no pudo comprarse un auto. Se casó, o empezó a convivir antes de los 25 años, con una chica de 20 que se convirtió en madre de una parejita antes de cumplir los 30, tal como ocho de cada diez mujeres. Así pintan al argentino promedio el informe Situación de la Población en Argentina –elaborado por investigadores del CENEP (Centro de Estudios de Población) a pedido del Fondo de Población de Naciones Unidas– y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Pero nuestro hombre sabe que la lucha por mantener el hogar está dividida entre mujeres y varones en partes casi iguales porque, como considera Olga Hammar, directora de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades del Ministerio de Trabajo, “los antiguos roles del hombre proveedor y la mujer criadora ya no funcionan. Y si bien el hombre va asumiendo algunas tareas domésticas, todavía no es suficiente. No se encontró un rol igualitario, y eso incide en la cantidad de hijos.
La familia argentina se va pareciendo cada vez más a la europea. El aumento en la jefatura femenina se ha dado sobre todo en el sector informal, porque la necesidad y la falta de capacitación previa ponen a la mujer en una situación de mayor vulnerabilidad”. La jefatura femenina se duplicó en los hogares de parejas sin hijos y se triplicó en los de un progenitor con hijos. En los sectores más pobres, predomina la mujer como sostenedora del hogar.Vicente también sabe que el promedio de dos hijos por pareja se da sólo entre sus pares, la clase media, porque como dice el sociólogo Emilio de Ípola –profesor de Ciencias Sociales de la UBA, investigador del Conicet y autor de Bemba–, “es algo práctico: la mujer trabaja y no quiere tener hijos, o si los tiene, quiere que se comparta la tarea hogareña. Es una protesta por el exceso de tareas. Por otro lado, las clases altas y bajas son las que registran más descendientes, las más carenciadas no tienen medios para evitarlos y las altas quieren reproducir el apellido”.
Contigo pan y cebolla. Si más de la mitad de la población que supera los 14 años está casada o convive, y más del 90 por ciento de los nacimientos suceden en ese contexto, podría suponerse que somos familieros y formales, pero no. La psicóloga social Ana Blesa, autora de Mi teta izquierda y Una cuestión de coraje, dice que “somos caretas, la formalidad es una consecuencia. Nos vamos a vivir en pareja sólo para pagar los gastos, no por amor”. Y de Ípola coincide: “Los jóvenes buscan uniones libres, sin restricciones legales, que puedan deshacerse rápidamente y renovarse con otra persona. Por eso eligen la convivencia, es frecuente que se unan pero no por un tiempo prolongado. Es simplemente una forma de achicar gastos”. Su colega Alfredo Moffat, autor de Psicoterapia del oprimido y director de la Escuela de Psicología Social para la Salud Mental, agrega que “ser ‘familiero’ es una concepción romántica de antes, ahora las familias son chicas, la mamá es jefa de hogar y no está en su casa. El casamiento es una institución que ya no se usa. Es como el ahorro. Los argentinos no ahorran y no se casan”. Seguramente Vicente, de escucharlo, pensaría que es difícil ahorrar, si sólo la famosa canasta básica se lleva el 43 por ciento de su sueldo.
M’hijo el dotor.
Por algo no le puede pagar la facultad al pibe, que ahora tiene 21 años y al igual que seis de cada diez de esa edad, está fuera del sistema educativo. Menos mal que no abandonó el secundario, porque como dice Emilio Tenti Fanfani, profesor de Ciencias Sociales de la UBA, investigador del Conicet y consultor del IIPE-Unesco, si lo hubiera hecho “es probable que pelee por empleos informales, de baja productividad y menor salario. Es equivalente a no tener el primario completo hace 50 años. Es una condición de acceso”.Es cierto que los números indican que avanzamos en la escolarización, pero Tenti Fanfani advierte que el problema es el aprendizaje: “De los que van a la escuela, muchos aprenden cosas inútiles o directamente no aprenden. Y los que no van es porque la escuela no ofrece lo que los chicos esperan. Se expande la escolarización pero no se democratiza el conocimiento. Ir a la escuela ya no basta. El desafío es mejorar la calidad, un tema que no está en la agenda pública”.Vicente tiene la suerte de que el pibe trabaje y no ande boyando, como otros chicos de su edad. Dos de cada diez no trabajan ni estudian, pero tiene razón Tenti Fanfani, “no es un problema de vagueza sino de estímulos. La gente que no trabaja es porque la economía del país no se lo permite y no porque no quiere”. Otro aspecto que afecta a los jóvenes es que nueve de cada diez de los que trabajan no tienen descuento jubilatorio ni de obra social, sin importar a qué sector social pertenezcan. Según Héctor Recalde –abogado especializado en derecho laboral y diputado nacional–, es consecuencia de “una sociedad que comenzó a deteriorarse en el ’76. Los chicos no ven un futuro posible porque trabajan en negro o están desocupados. Ya no se pregunta ‘en qué trabajás’ sino ‘en qué curro andás’, cambiaron los valores”.

Sí pero no.
Tanto cambiaron que en cada crisis económica culpamos a los inmigrantes por el desempleo. Por un lado somos hospitalarios al recibir a nuestros vecinos de Paraguay, Bolivia y Perú, pero al mismo tiempo les endilgamos el trabajo más pesado: construcción, manufactura, servicio doméstico. “Es una clara discriminación. Nuestro imaginario colectivo, construido durante siglos, entiende que ‘lo europeo, sinónimo de erudito y civilizado’, asegura calidad y referencia, y en ese contexto eurocentrista olvidamos que los migrantes de países limítrofes son portadores de saberes, en algunos casos ancestrales y en otros, si se quiere, liberales, médicos o abogados que nos podrían aportar la misma calidad que cualquier argentino”, admite Claudio Morgado, titular del Inadi. Y agrega que somos “xenofóbicos, a pesar de que nos construimos con una mirada hacia el exterior. Pero es una xenofobia selectiva: la bienvenida no es igual con un francés que con un boliviano, y no es anecdótico. Los momentos clave en esta xenofobia son la documentación y la inserción laboral, con el fantasma impuesto desde la época de los nacionalismos extremos: vienen a quitarnos trabajo. Indígenas, personas de países limítrofes, personas africanas se constituyen así en nuestros chivos expiatorios. Más allá de la diversidad cultural que nos recorre, nuestra xenofobia, hasta incluso regional, nos atraviesa. La construcción contradictoria que hemos tenido durante estos 200 años nos lleva a entender que el desafío de reconstruir la mirada sobre la identidad nacional es enorme”.A Vicente le gustaba pensarse como producto del famoso “crisol de razas”, europeo, claro. Pero Morgado le aclara que “ese crisol, rico y maravilloso, estaba pensado desde una diversidad selectiva: la idea romántica de los abuelos europeos, descendiendo de los barcos, creando una patria. En la década del ’70 se revalorizó la idea, cuando el indigenismo empezó a ser mirado desde un lugar de aporte constructivo. Hoy deberíamos pensar en un crisol como la comprensión de todas y cada una de nuestras diversidades culturales y sexuales, porque raza hay sólo una: la humana, con toda su riqueza compleja”.

Ocio creativo.
No arreglamos la casa ni levantamos paredes, pero que somos trabajadores lo sabe nuestro hombre genérico, que cada año espera sus quince días de vacaciones en alguna playa de la costa atlántica o, en ocasiones, las sierras cordobesas. En esos días, logra distenderse y disfruta de leer, aunque a duras penas alcanza a cinco libros por año. Vicente lee de todo un poco, algo de Paulo Coelho, algo de Gabriel García Márquez, quizá Dan Brown, Mario Benedetti o Isabel Allende. Su mujer y su hija leen más, al menos durante el año; cuando vuelve del trabajo, él prefiere encender la tele y mirar algún noticiero, distraerse con el Showmatch de Marcelo Tinelli, como sucede en otro millón de casas, o mirar algún programa deportivo.

Fuente: Raquel Roberti Veintitres - elargentino.com

domingo, 16 de mayo de 2010

Carlón, el vino que regaba las mesas en 1810


Producido en España, fue el vino preferido de los argentinos durante las primeras décadas del Siglo XIX. Tinto de color intenso y alta graduación alcohólica para la época, el Carlón no faltaba en las casas de todo el país. Por: Giselle Calabrese (viaresto.clarin.com)


"Pocos saben que éste fue el vino más famoso producido en tierras de Castellón, concretamente de Benicarló de la uva garnacha. De un color muy intenso ,de potencia aromática y alta graduación alcohólica para la época, unos 15 grados que hoy no asustarían a nadie, existió desde el s. XVII al XIX y se exportaba a toda Europa y también a algunas colonias", explica Alejandro Rodríguez, profesor de la Escuela Argentina de Sommeliers

En las mesas bien servidas de la época, el vino Carlón era el elegido. Proveniente de la región de Benicarló, de la provincia de Castellón, España, miles de pipas de vino anuales llegaban en barco al puerto de Buenos Aires. Aquí se trasladaban a jarras de plata y luego se servía en la mesa de los más pudientes de aquellos tiempos.

No se conoce exactamente cuándo comenzó el cultivo del Carlón, pero se registra que ya en el siglo XIV logró una producción extremadamente fructífera, por lo cual tuvo que ser regulada políticamente en tierras españolas.

Tanto en la Argentina como en otras colonias españolas dentro de América se había prohibido el cultivo de la uva, sólo permitiendo que se bebiesen productos puramente de origen español. Fue así que la demanda fue prosperando de tal manera que los vinos comenzaban a enviarse con más regularidad a América.


"Por estas tierras al vino Carlón se le agregaba soda y también hielo para rebajar su alcohol y cuerpo. Fue el vino predilecto de los consumidores locales hasta casi fines del 1800 y símbolo del monopolio impuesto a las colonias por España", agrega Rodríguez.

Sin embargo, con el tiempo y debido al mencionado aumento de demanda, los que al principio eran vinos densos y con un tinte espeso a causa de su añejamiento, se empezaron a despachar sin envejecer, generando productos más livianos y de menor calidad.

Ya en esos tiempos y en las más de 400 pulperías que existían para 1810 en Buenos Aires, se ingerían una gran cantidad de bebidas alcohólicas. La gente de clase baja consumía sobre todo aguardientes, pero también existía una versión más económica, para los menos pudientes del vino Carlón, llamado Clarín en algunos casos y Carlete en otros.

Palpitando la Revolución.


Dos pulperías eran muy famosas en tiempos de Mayo. Una era "la del Maldonado" y la otra "La fonda de los Tres Reyes", ésta última ubicada a sólo media calle del Fuerte, en la calle San Cristo, en la actualidad 25 de Mayo. Se dice que abrió sus puertas a manos de Giovanni Bonfillo, un inmigrante italiano, llamado entre los porteños "Juan". Relata Víctor Ego Ducrot en su libro "Los Sabores de la Patria" que allí se reunieron una tarde lluviosa de 1809 James Florence Burke, Juan José Castelli y Nicolás Rodríguez Peña y, entre copas, cerraron el acuerdo de gran importancia para los acontecimientos que muy pronto sacudirían Buenos Aires.

Ducrot describe en las páginas de su libro que estos tres caballeros ya habrían brindado con vino proveniente de Mendoza. Así fue que al correr de los años el vino Carlón fue desapareciendo de la mesa de los argentinos, no sólo por sus malas versiones, sino también por el advenimiento de los vinos provenientes de las zonas de San Juan y Mendoza, que ya se abrían paso en aquella época.

Se registró que el vino Carlón se vendió libremente hasta 1920. Pero cada vez fue menos solicitado. Para el año 1930 la plaga filoxera acabó con la última vid y con otras viñas de la región de Castellón. Así fue como el Carlón le dio el mando a los vinos cultivados en nuestro territorio.

Fuente: Giselle Calabrese (viaresto.clarin.com)

miércoles, 5 de mayo de 2010

La rebelión de Túpac Amaru



En 1780, en el Perú, un descendiente de incas, José Gabriel Condorcanqui, tras tomar el nombre del último emperador inca, Túpac Amaru, encabezó una rebelión de indígenas y mestizos contra el poder español.


Querían poner fin a la explotación a que los sometían desde hacía siglos los españoles, en minas, haciendas y obrajes. El movimiento tuvo una enorme adhesión y se extendió por una zona que iba desde Colombia a nuestro territorio.


La rebelión obtuvo sus primeros triunfos y Túpac comenzó a aplicar un programa revolucionario: devolver a los campesinos sus tierras usurpadas, anular la esclavitud y los servicios personales, como la mita y el yanaconazgo.


Ante la magnitud de la rebelión la iglesia, el estado, los criollos y los europeos se unieron para enfrentarla. Tras heroicos combates en los que mueren unos 100.000 indñigenas, el primer grito de libertad americano es acallado y su líder detenido y luego descuartizado.




No descuartizarán sus ideas...


El 18 de mayo de 1781, tras asesinar a casik toda su familia, las autoridades españolas someten a Túpac Amaru al suplicio del descuartizamiento pero no pudieron con su fuerza.

Indignados ordenarfon suspender la "cerfemonia" y que un verdugo completara la feroz tarea a hachazos.




La Copla de la verdad


La rebelión de Túpac Amaru atemorizó a los criollos. Una copla anónima de la época explica porqué:

"Si triunfaran los indios
nos hicieran trabajar
del modo que ellos trabajan
y cuanto ahora los rebajan
nos hicieran rebajar.
Nadie pudiera esperar
casa, acienda ni esplendores
ninguno alcanzará honores
y todos fueran plebeyos:
fuéramos los indios de ellos
y ellos fueran los señores."




Fuente: elhistoriador.com.ar

sábado, 24 de abril de 2010

¿Qué es la Historia?

La palabra “historia” tiene muchos usos, y la usamos cotidianamente al hablar. Pero cuando nos referimos a su estudio –el del colegio, por ejemplo-, nos vamos a concentrar en el significado de la Historia como Ciencia que estudia el pasado de las sociedades humanas.

¿Qué estudia la Historia?

La historia busca conocer y estudiar las acciones (individuales y colectivas) que los hombres y las sociedades realizaron en el pasado. Cuando hablamos del pasado, nos referimos a todo el tiempo que transcurrió hasta la actualidad (el presente). Mirando el pasado de las sociedades humanas, podemos remontarnos muy atrás (muchos millones de años atrás) hasta el origen del hombre, el comienzo de la vida en la tierra o el origen del universo.

Esta característica de la historia, de extenderse en un pasado tan profundo que nos cuesta tomar dimensión de él, a menudo dificulta su estudio y su aprendizaje. Cuando hablamos de cantidades de tiempo tan grandes, hablamos de “tiempo largo”, y para su mejor comprensión les proponemos leer nuestro artículo sobre El “Año Cósmico”, la mejor herramienta para comprender la Historia remota.

Conceptos y herramientas para comprender la historia

Aunque muchas veces no nos lo planteamos, estudiar y comprender correctamente la historia tiene muchas complejidades. Algo que parece tan simple como repetir fechas, nombres y textos en realidad no es comprender la historia. Por eso los teóricos de la historia trabajan con categorías o conceptos que le dan sentido a esos datos del pasado, nos permiten ver las relaciones entre diferentes sucesos, y tener una visión más completa del pasado de una sociedad.
Por eso en sobrehistoria.com queremos compartir con Uds. estas herramientas para reflexionar sobre el conocimiento histórico. En nuestros próximos artículos abordaremos algunas de estas temáticas:

Las fuentes de la historia
La subjetividad en el estudio de la historia
las relaciones temporales entre presente, pasado y futuro
hecho histórico y proceso histórico
actores sociales y conflicto, los motores de la historia
el espacio, elemento para la comprensión de la historia.

Fuentes
Ciencias Sociales 1, Para pensar, sociedades en la prehistoria, en la Antigüedad y en el Medioevo. Territorios del Mundo Actual. Editorial Kapeluz-Norma.
BENEJAM, PAGES, COMES y otros. Enseñar y aprender Cs. Sociales, Geografía e historia en la educación secundaria. Institut de Ciències de l’Educació Universitat Barcelona-Horsori, Barcelona, 1997.
Historia, en Wikipedia
Imágenes
Wikipedia, Estandarte de Ur, III milenio a.C.